Anoche el Chueco y yo nos echamos a las calles. Paseo obligado por Fuencarral para descubrir las últimas aperturas de tiendas (es increíble lo fácil que se inauguran algunas tiendas y lo rápido que se cierran otras en esta zona). Entrada inevitable en Diesel (que aquí una tiene la fama de consumista y otro el provecho...) y paramos en una de las pocas tasquitas que quedan en Chueca a tomar un vino.
La decisión entre blanco o tinto determinó la noche. Bueno, siempre la determina. El tinto consigue animarme un poco tras copa y media, pero como llegue la 3ª o la 4ª se transforma en un sueño pesado con boca negra, sin embargo, el blanco es otro mundo... Me afecta mil veces más que tres absolut - redbull. Consigue un efecto bastante parecido al del champagne y eso ya es decir...
Cuando en el último momento, cambié Arienzo por Rueda... sabía que iba a ser el comienzo de un gran pedal. Copita, ji ji jí, ja ja já... y nos encontramos con M&M, encantadores como siempre. A pesar de que lo único que tenemos son buenos amigos en común, nos han propuesto cena en su casa para la próxima semana... "No tengo tu número, pero ya llamo a DHB y quedamos". Sí, ya, que la poli no es tonta, hombreporDior, esto me huele a intenciones ocultas, no sé por qué me da... Como a los 10 minutos empezamos a hablar de si llovía o dejaba de llover, que si cogíamos el puente o no, huimos de la mundanal conversación (por patas)...
Y nos fuimos a un nuevo japonés por recomendación del Chueco, a su vez recomendado por la hija del jefe de cocina. Un local enorme, con estética más neoyorkina que japonesa. La definición del Chueco fue muy acertada: "Es un japonés 'chino'". Y de hecho es también tienen comida china!
La primera copa de vino ya estaba subiendo, así que no dudamos en pedir una botella... La comida estaba buenísima, el servicio... muy gracioso: Cada vez que venía la china decía: "Polfavol, sopa miso". "Polfavol, sushi y sashimi" . "Polfavol, ¿quieren postle?" Polfavol, cállate!!! Tenía que aguantar la risa (el vino ayudaba, claro!)
A la segunda copa, ya empecé a desvariar. Todas las mesas que nos rodeaban eran parejas de chicas que lo único que hacían era comer en silencio o hablar con el móvil mientras bebían agua a sorbitos, taaaaan triste!! Así que empecé a desarrollar la teoría (pobrecito Chueco) de que las parejas toman vino en las cenas para poder cogerse un pedo y tener algo de que hablar. Siempre me ha parecido patético ver a dos personas, comiendo una frente a otra, mirando al plato sin nada que decirse, sin nada por lo que reírse (y si encima están bebiendo vino, aún peor... Ni con ésas lo consiguen!)
Lo cierto es que yo en el segundo plato ya no podía ni estar sentada como una señorita. Lo único que podía hacer era reírme y reírme sin poder estarme quieta. ¿Un poquito más de vino?
Cómo no, salió la gran frase de AlberNena (y de ahí su nombre, BTW): "Nenaaaaaaaaaa, qué pedo llevo, nenaaaaaaaaaaaa" (no hace falta que matice con qué tipo de entonación se debe leer, ¿no?) Del camino a casa casi no me acuerdo, eso sí, sé que iba bien agarradita del Chuequi porque entre la lluvia, mis botas nuevas y el estamos-taaaaan- a-gustito que llevaba...
Al llegar a casa, llamé a Tata. Entre que yo estaba en plan wra-wra-wrá... y ella que estaba de subidón por los últimos resultados médicos, estuvimos diciendo incoherencias tipo ¡¡¡Fulanito en bolas ya!!! y demás perlas. Carcajadas mil y una explosión de euforia que tanto nos hacía falta a las dos. Sentí como si toda la presión acumulada saliera por la ventana. Y ahora, a empezar el finde con la sonrisa puesta.
BUEN FINDE!!


















